En la planta baja se concentra la vida social de la casa, en un espacio abierto donde todo fluye sin paredes que estorben… ni conversaciones que se pierdan.
La cocina, completamente equipada y con isla central (perfecta para desayunos rápidos o cenas improvisadas con amigos), se integra con el salón-comedor, creando el escenario ideal para charlas interminables, risas y el clásico debate de “¿quién cocina hoy?”.
El salón añade su toque de confort con una chimenea acogedora, dos sofás muy invitantes y una mesa amplia lista para comidas épicas o partidas de juegos de mesa que se alargan más de lo previsto.
La planta se completa con un baño independiente y un encantador patio exterior, perfecto para barbacoas y para comprobar quién se proclama oficialmente “maestro parrillero” del grupo.




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